El Gobierno de Boric apura una vía de diálogo con la oposición tras la salida de Jackson

El Gobierno chileno busca contra reloj un camino para retomar el diálogo con la oposición, tras la salida del Gabinete de Giorgio Jackson, el principal aliado del presidente Gabriel Boric, el viernes pasado. La caída de Jackson era la condición de parte de la derecha –sobre todo del partido de la derecha tradicional UDI– para retomar las conversaciones con el Ejecutivo, que intenta consensuar una reforma tributaria y de pensiones, piedras angulares del programa. La ministra del Interior, Carolina Tohá, informó de una posible vía de entendimiento: el jueves, los partidos de la derecha histórica, agrupados en la coalición Chile Vamos, están convocados a La Moneda por el mandatario para nuevamente sentarse a la mesa. “En los últimos días se ha tomado contacto con las fuerzas de oposición en busca de retomar un clima de mayor diálogo, de mayor apertura, para destrabar temas que la población viene esperando hace mucho tiempo”, aseguró el jueves Tohá, en referencia al pacto fiscal, la reforma previsional y a proyectos de ley relativos a probidad y seguridad pública que serán presentados en el Congreso.

El restablecimiento del diálogo con parte de la oposición no garantiza, sin embargo, que el Congreso apruebe las reformas en los términos que busca el Gobierno. En un gesto de realismo político, el senador Ricardo Lagos Weber, militante del partido oficialista de la izquierda moderada PPD, aseguró que la oposición tiene la oportunidad casi única de definir el diseño final de las reformas. En la misma línea, su compañera de partido, la ministra Tohá, no ha ocultado que La Moneda está dispuesta a transar: “Para que ese diálogo de frutos, requerirá que todos estemos abiertos a ceder. Como Gobierno tenemos esa apertura. Tenemos plena conciencia de que solo con nuestros votos no podemos y tenemos también flexibilidad. Requerimos de la otra parte esa disposición para construir ese entendimiento que tanto nos reclama la ciudadanía”, dijo la ministra del Interior, consciente de que el oficialismo no tiene los votos suficientes ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado.

La renuncia de Jackson el viernes pasado, un fuerte golpe político y humano para Boric, no fue un analgésico de resultado inmediato para mejorar la relación entre el Gobierno y la oposición. En los días consecutivos, La Moneda ha hecho innumerables llamamientos públicos a que la derecha cumpla su palabra de retomar las conversaciones sin Jackson en el Gobierno, a no poner excusas para no dialogar y a hacerse cargo de las demandas ciudadanas, sobre todo en lo relativo a mejores pensiones. La derecha tradicional y la extrema, del Partido Republicano, ha dicho a través de diferentes portavoces que las reformas son malas y que no solo se requieren cambiar rostros –como el de Jackson–, sino un cambio estratégico del Gobierno. El presidente de la UDI, Javier Macaya, aseguró que el Ejecutivo debe transformar “ideas y formas de gobernar”.

Sebastián Piñera, que gobernó entre 2010 y 2014 y entre 2018 y 2022, ha tenido un nuevo protagonismo en la discusión pública en las últimas semanas, luego de que la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) mostrara una revalorización de su gestión. Desde el viaje a Paraguay realizado este martes junto al presidente Boric al cambio de mando –en un hecho inédito de cercanía entre ambos, enfrentados siempre y especialmente desde el estallido social de octubre de 2019–, Piñera hizo un llamamiento a los diálogos, a los acuerdos y a la unidad en “seguridad, probidad, desarrollo y pensiones”. El expresidente, sin embargo, calificó de “muy malos” los proyectos originales de reforma tributarias y previsional.

Un cambio de Gabinete a la vista

La renuncia de Jackson habría desordenado el cronograma de cambios internos de Boric, que tendría contemplado un nuevo cambio de Gabinete, el tercero en 17 meses. La principal duda radica en la fecha: si antes o después del 11 de septiembre próximo, cuando se conmemorarán los 50 años del golpe de Estado en Chile, una fecha crucial para el Gobierno, el oficialismo y la izquierda. “Es muy lamentable, pero este aniversario dejará a Chile más confrontado no sólo respecto del pasado, sino también sobre el presente y el futuro”, aseguraba hace unos días a EL PAÍS el analista político Max Colodro.

Mientras, en otro carril, la Fiscalía investiga en la mayoría de las regiones del país a fundaciones ligadas al caso Convenios. Es una trama de traspaso de recursos del Estado a fundaciones ligadas principalmente al oficialismo y que ha impactado fuertemente en el partido RD, el partido del Frente Amplio de Boric del que Jackson fue fundador y líder. El caso estalló el 16 de junio pasado y, desde entonces, las presiones por la salida de Jackson fueron diarias, por lo que el Gobierno quedó entrampado en este asunto. El inmovilismo fue resentido, incluso, por fuerzas fuerzas oficialistas, que pidieron destrabar las conversaciones con su salida.

Luego del robo que afectó las dependencias del ministerio de Desarrollo Social la noche del 19 de julio pasado –los ladrones se llevaron 23 computadores y una caja fuerte, entre otros artículos– la UDI congeló el diálogo con el Gobierno, mientras el presidente no se decidiera a sacar a Jackson del Gabinete. La Cámara de Diputados aprobó un llamamiento inédito al presidente para que lo removiera –fue liderado por el Partido Republicano de la extrema derecha, pero contó con votos del oficialismo– y la presión llegó incluso por parte del líder de uno de los principales gremios de los empresarios, la CPC, Ricardo Mewes. La salida de Jackson, por lo tanto, ha calmado en algo las aguas políticas chilenas, lo que fue reconocido por la presidente del partido de la derecha liberal Evópoli, Gloria Hutt.

Los que parecen menos dispuestos a conversar son los republicanos, porque estratégicamente no están por los acuerdos y los consensos con el Gobierno en este minuto en que el oficialismo –en especial en Frente Amplio– está fuertemente golpeado por el caso Convenios. El presidente de los republicanos, Arturo Squella, aseguró el fin de semana que “no porque salga un mal ministro, malas reformas se van a transformar en positivas”. En cualquier caso, al menos este jueves no están convocados a La Moneda junto al resto de los partidos de la derecha.